#8MARZO

He de reconocer que una de mis cualidades (o no) es hablar sin parar. No me cuesta hablar, ni tan siquiera escribir, pero hoy no me salen las palabras. O más bien es al contrario: hay tantas cosas que quiero decir, que no sé por dónde empezar. Espero encontrar la manera y que este post presente la coherencia, cohesión y adecuación que tanto nos exigían en bachillerato y yo cumplía a rajatabla como buena alumna que era. 

Siempre soñé con llegar alto, y nunca sentí que por ser una mujer iba a dejar de conseguirlo. Pero no todas tuvimos la misma suerte. Fue en mi adolescencia cuando empecé a plantearme temas relacionados con el feminismo y todas las temidas preguntas empezaban con un "por qué...". Pero entonces no sabía lo lejos que estaba de saber qué era realmente el feminismo...

Veréis, como mujer me he dejado chafar muchas veces porque se suponía que era lo que tenía que hacer. He hecho y dicho cosas de las que la rubia de hoy se avergonzaría, pero siempre pienso que el primer paso es saber en qué punto estás y después buscar las herramientas para cambiar la situación.  Y eso hice. Lo que pedimos hoy es realmente muy sencillo: queremos ser iguales que los hombres, tener las mismas oportunidades, los mismos derechos. No queremos tener miedo al volver a casa solas, no queremos utilizar las llaves de casa cual puño americano, no queremos estar en la barra pidiendo una cerveza y que nos incomoden con piropos o preguntas absurdas, no queremos que nos midan por el tamaño de nuestro escote, falda, pantalón o lo que nos apetezca llevar. No queremos que nos pregunten en las entrevistas de trabajo si tenemos pensado ser madres y que en función de eso nos contraten o no, no queremos ser mayoría en la universidad y después minoría en los puestos importantes, no queremos llevar el peso de una casa simplemente por ser mujeres, no queremos sacrificar nuestros trabajos por terceras personas porque simplemente sea lo que se espera de nosotras, no queremos entrar gratis en las discotecas para servir como reclamo de los hombres, no queremos que nos digan que calladitas estamos más guapas porque tenemos nuestra opinión al igual que tú, no queremos cobrar menos que un hombre por hacer el mismo trabajo, no queremos que nos cosifiquen en los anuncios, y así podría seguir hasta el infinito. Mucha gente me dice que por qué contesto cuando me veo en una situación así, que lo mejor sería callar y evitar el conflicto. 

Tuve un novio que me subía el escote de la camiseta, y callé. Tuve una amiga a la que su novio le partió la boca, y callé. Vi a muchas mujeres trabajadoras dentro y fuera de casa recogiendo la mesa y preparando la comida mientras sus maridos veían la tele impasibles, y callé. Entré en una discoteca gratis por ser mujer, y callé. Pasé en medio de un grupo de hombres que me dijeron de todo mientras aceleraba el paso, y callé.

Ya no. Grito porque yo puedo, porque probablemente las únicas consecuencias de que yo hable (espero) sean alguna cara de sorpresa o algún comentario, cómo no, machista. Pero grito por todas las que no pueden hablar porque les parten la boca, las encierran en su casa o directamente las matan. Porque tengo la suerte de poder gritar, de dar mi opinión y de pelear por lo que quiero...e igual que yo, otras muchas. Porque hoy va a ser un día histórico y de ti, hombre, esperamos que estés a nuestro lado sin intentar robarnos el protagonismo que ya tienes los otros 364 días del año. Pero esto va a cambiar y pronto. ¡Este es nuestro año! 

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