EL POEMA DE LA SEMANA: Nanas de la cebolla, de Miguel Hernández

Un lunes más, otro comienzo de semana y nos ponemos serios con un poema precioso y triste a partes iguales: Nanas de la cebolla, de Miguel Hernández. Este poeta alicantino tan solo vivió 31 años, ya que falleció en la cárcel en el año 1942 debido a una sucesión de enfermedades. Como muchos otros intelectuales fue encarcelado por motivos políticos, ya que se alistó en el bando republicano durante la Guerra Civil, pero siempre nos quedará su talento plasmado en numerosos poemas que la censura no pudo evitar que llegaran hasta nuestros días. 

La historia de este poema es muy famosa, ya que Miguel Hernández se lo dedicó a su segundo hijo, Miguel Manuel, nacido en enero de 1939. Josefina, su mujer, le envió una carta a la cárcel diciéndole que no tenía nada más para alimentarse que pan y cebolla, por las penurias que estaban pasando. Y él decidió escribir este poema que refleja la situación que estaba viviendo. Estas son las palabras que le dedicó a su mujer por carta para presentarle el poema que había escrito: 

"Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros o desesperarme..."

 Aquí os lo dejo para que os dé algún que otro escalofrío: 

Nanas de la cebolla 

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.


En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.


Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.


Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.


Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.


Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.


La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!


Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.


Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!


Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.


Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.


Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.


Joan Manuel Serrat y Alberto Cortez pusieron música a este precioso poema con una canción homónima incluida en un disco llamado "Miguel Hernández", lanzado en 1972 por el cantautor catalán y dedicado íntegramente al poeta.

¡Feliz día!

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