Taller de Iniciación a la Cata de Vinos (Parte II)

¡Hola a todos!
 
El lunes finalizamos el Taller de Iniciación a la Cata de Vinos, tal y como os comenté al subir la foto de grupo final. Ha sido una experiencia muy enriquecedora y un gran regalo de cumpleaños. Lo que empezó hace un par de años como una pequeña afición, se está convirtiendo en algo más importante.
 
Los alumnos del curso de cata con nuestro profe (derecha delante)
 
Como os comenté, el taller lo impartía David Buch y lo organizaron desde DiVino Vins (Almazora, Castellón), y tengo que decir que me he sentido muy a gusto y he aprendido muchas cosas que, para que no se me olviden, las he transformado en apuntes que iba tomando clase tras clase, nunca he dejado de ser una buena alumna. :)
 
En la otra entrada os conté varias curiosidades sobre el vino, y en esta me gustaría destacar otros aspectos del taller: en lugar de contar tanta historia, hablaré de cómo se catan los vinos, de la identificación de la edad, de la zona aproximada y todas esas cosas que hemos intentado hacer simplemente oliendo y probando una copa de vino a ciegas.
 
En primer lugar, es muy importante el vocabulario, y para demostrarlo pondré un ejemplo. Nuestro profesor insistía en que no puedes decir que un vino es dulce sin probarlo. Parece una obviedad, pero muchos de nosotros nos aventurábamos a decirlo simplemente por el olor. Pues ese olor tiene un nombre: goloso. Ya que vamos a iniciar un camino en el mundo del vino, vamos a hablar con propiedad. Eso es algo que siempre me ha gustado, la terminología siempre debe ser correcta y adaptada a la situación en la que te encuentras. Deformación profesional, supongo.
 
Un aspecto importante en la cata de un vino es la acidez. Que un vino sea más ácido o menos nos dice mucho de la zona donde la uva ha sido cultivada. Los vinos más ácidos siempre provendrán de zonas con poco sol, con más lluvia, donde la uva no acaba de madurar del todo y, por tanto, su sabor no será tan dulce como otras. Son esos vinos que, al probarlos, te limpian la boca, vinos del norte, donde el sol brilla por su ausencia pero donde las uvas como el albariño o la treixadura alcanzan su máximo esplendor. Como nos dijo David, intentad plantar una uva de estas en nuestro clima mediterráneo...¡y veréis qué desastre! Por tanto, cuando un vino es más cálido, podemos identificar que será de la zona sur o más mediterráneo. Apuntadlo que este dato sirve, ¡y mucho!
 
Ahora vamos a tratar un tema tan real como poético: los aromas del vino. Podemos escuchar a un catador hacer poesía con lo que encuentra dentro de una copa de vino, y es que realmente nuestro cerebro puede distinguir casi 600 aromas exclusivamente procedentes de los vinos. Aunque para los principiantes como yo, nos podemos conformar con decir si huele más a fruta verde, madura, madera, tierra húmeda, frutos rojos, negros, etc. Y os aseguro que con un poco de práctica, al final alguno de estos olores se van detectando rápidamente. E incluso se llegan a asociar con alguna uva en concreto. Pero para mí es una de las partes más complicadas...Por ejemplo, la tempranillo huele a fresa y frambuesa, la garnacha a ciruela negra y mora, la mencía a violetas y otras flores, la chardonnay a piña, etc.  Y no es que nadie les inyecte esos olores, es que los compuestos químicos responsables de estos aromas se encuentran en común en todas estas especies...¿es maravillosa la naturaleza o no?
 
Ahora algo un poco más sencillo: el color. La vista es un arma muy poderosa, y con ella aprenderemos a apreciar la edad de un vino. Lo bonito es poder coger 3 ó 4 copas de vinos de diversas edades y poder ver el contraste. Quizá para un principiante, si sólo coge una, le resulta más complicado. Para tintos, los tonos morados muy intensos, casi azulados, indican que un vino es joven. Cuando ya tiene cierta crianza, podemos ver tonos más rojos, y si vamos avanzando en edad, observamos ya colores rojo teja, tirando hacia el marrón. Es un ejercicio muy bonito poder ir comparando, así que si tenéis ocasión, os lo recomiendo. En el caso de vinos blancos, pudimos apreciar colores más dorados para vinos con cierta crianza, mientras que los vinos jóvenes tenían un color más pajizo. Venga, que si os animáis a comparar vinos encontraréis más colores que la mayoría de las mujeres jajajaja. :) Os ayudará a ampliar vuestro vocabulario...
 
En esta foto, el vino de la derecha tiene un proceso de crianza que el resto no tiene. Podéis observar como su color es más dorado que en los otros cuatro.
 
Después del tándem gusto-olfato-vista, vamos a pasar a otro tema importante: la conservación del vino. Seguro que todos tenéis botellas de vino en casa, y no está nada mal saber cómo guardarlas para que cuando las abráis, el vino esté en su máximo esplendor y no os encontréis con sorpresas desagradables. Los vinos, en general, se guardan de forma horizontal. ¿Por qué? Porque el corcho debe estar húmedo continuamente, para que esa microoxigenación se vaya dando poco a poco. Si entra demasiado oxígeno, el vino se oxida (se pica, comúnmente dicho), y esto no es más que una reacción química en la que el alcohol etílico pasa a ácido acético (principal componente del vinagre). Es por esto que un vino picado huele a vinagre. Si un vino se guarda en posición vertical, el corcho se puede resecar y crearse alguna grieta, por la cual el oxígeno camparía a sus anchas y nos daría estos problemas. ¡Si es que el vino es química pura, qué alegría! :) Al contrario ocurre con un cava: tiene que guardarse en posición vertical...pero el cava es otro mundo, del que algún día hablaré con detenimiento, que también he aprendido muchas cosas.
 
Para que un vino dure, hay que saber mantenerlo, y además de la posición también son importantes las condiciones del lugar donde va a estar guardado, de la que va a ser su casa hasta que tengamos la suerte de bebérnoslo. Totalmente prohibida la luz solar directa...esto también os puede servir para cuando vayáis a comprar un vino: nunca compréis ese de la estantería que le pega el sol. Debe estar en un lugar calmado y tranquilo, alejado de vibraciones, y por supuesto en un sitio donde la diferencia de temperatura sea mínima. Nunca encima del horno (peores cosas se han visto), ni al lado de la vitrocerámica en ese armario que cada vez que cocinas se calienta a marchas forzadas. Supongo que todas estas cosas os pueden parecer de sentido común, pero os reto a que reviséis cómo y dónde guardáis el vino en vuestra casa, seguro que encontráis algún fallo.
 
Otro aspecto importante es el tiempo de conservación. En España, los vinos jóvenes tienen una vida aproximada de 2 años, los roble (2-7 meses en barrica) de 3-4 años. Los vinos de crianza pueden durar hasta 7 años, los reserva de 10 a 12 y por último, un gran reserva puede conservarse bien hasta 14 años o más. Hay que conocer esto por dos cosas: para saber el momento óptimo para consumir el vino y para evitar que se nos haga malo en esa estantería olvidada...sería un pecado.
 
Podría estar contándoos cosas durante muchos párrafos más, pero no acabaría nunca. Si tenéis alguna curiosidad en concreto sólo tenéis que preguntar...el objetivo de todo esto es que disfrutéis de los vinos, que para eso están hechos, pero si se disfrutan con algo de conocimiento, por mínimo que sea, os aseguro que se disfrutan mucho más. Mis ganas de aprender nunca se acaban...creo que por eso soy científica. ¡Hasta la próxima y a brindar!
 
Brindis con mis amigos durante la comida del fin de semana pasado :)
 

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